De gestionar residuos a rediseñar la industria: las claves del Circular Fashion Manifesto 2026 en Bruselas
AMES estuvo presente en el Parlamento Europeo en la presentación del Circular Fashion Manifesto 2026, impulsado por el Monitor for Circular Fashion de SDA Bocconi y CNA Federmoda.
El encuentro, que reunió a representantes de la Comisión Europea, Parlamento Europeo, empresas, asociaciones sectoriales y organizaciones de pymes, se produce en un momento especialmente relevante para el textil europeo: al tiempo que se preparan los requisitos de ecodiseño que afectarán al sector en los próximos años, Europa intenta resolver al mismo tiempo el dilema de avanzar en sostenibilidad sin debilitar su propia capacidad industrial.
Y de las intervenciones surgió una idea con bastante claridad. La circularidad ya no se está planteando únicamente como una cuestión de qué hacemos con un producto al final de su vida.
Empieza mucho antes.
Del invendido a la prevención
El trabajo presentado por SDA Bocconi parte este año de la gestión del producto no vendido. Las soluciones ya las conocemos: mejorar las previsiones, producir más cerca de la demanda real, revender stock, reparar, reutilizar, donar o reciclar.
La novedad está en cómo se conectan.
El Monitor ha identificado 28 estrategias y las relaciona con los diferentes actores de la cadena de valor, las etapas del producto y los indicadores necesarios para medir su implementación. Para que funcionen, se necesitan tres condiciones: recogida de datos, intercambio de información y colaboración entre empresas.
El trabajo de Futures & Foresight presentado por Candiani Denim fue un paso más allá: si queremos reducir estructuralmente los invendidos, no basta con gestionar mejor el excedente. Hay que intervenir sobre el sistema que lo genera.
Eso implica mejorar la planificación, compartir responsabilidades entre marcas, fabricantes y distribuidores, avanzar hacia modelos más vinculados a la demanda real y desarrollar la interoperabilidad digital a lo largo de toda la cadena.
La transición empieza a moverse, por tanto, desde la gestión del residuo hacia la prevención.
El DPP será mucho más que un código QR
El Digital Product Passport también ocupó buena parte del debate. Su verdadero potencial no está únicamente en ofrecer información al consumidor. Puede convertirse en una infraestructura de datos capaz de conectar a los diferentes actores de la cadena de valor.
Para ello, los datos deberán hablar el mismo idioma.
La interoperabilidad implica armonizar qué información se recoge, cómo se estructura, dónde se almacena y cómo pueden utilizarla fabricantes, marcas, reparadores, recicladores, autoridades y consumidores.
Desde la Comisión Europea, Stefano Soro confirmó además un elemento importante del modelo: el contenido del pasaporte estará en manos de las empresas, mientras que la Comisión mantendrá un registro con las referencias. No toda la información será accesible para todos los usuarios y la confidencialidad comercial seguirá siendo un criterio relevante.
Esto sitúa el DPP en un terreno mucho más estratégico: trazabilidad, vigilancia de mercado, circularidad y competitividad empiezan a converger en una misma infraestructura.
Ecodesign: diferenciar productos en lugar de aplicar una única regla
Otro de los grandes mensajes de la jornada fue la necesidad de evitar soluciones uniformes para productos muy diferentes.
En durabilidad, por ejemplo, Vibram planteó una definición interesante: un producto no debería considerarse duradero solo por el número de años que permanece físicamente disponible, sino por el tiempo durante el que mantiene correctamente la función para la que fue diseñado. Una zapatilla de running, una bota de montaña o una prenda de abrigo no tienen las mismas prestaciones ni deberían medirse exactamente de la misma manera.
La misma lógica apareció alrededor del contenido reciclado. Tanto representantes empresariales como de la propia Comisión insistieron en que no existe una solución única aplicable a todos los productos, fibras y usos. La disponibilidad de material, la pérdida de calidad, la seguridad química y las posibilidades tecnológicas deben formar parte de la ecuación.
El acto delegado de ESPR para textiles está actualmente previsto para finales de 2027. Su desarrollo será determinante para concretar requisitos sobre durabilidad, reciclabilidad, contenido reciclado y otras características del producto.
La ecomodulación: no todos los productos deberían pagar igual
Uno de los debates que AMES sigue con especial atención es la futura Responsabilidad Ampliada del Productor.Durante la jornada apareció una cuestión clave: la ecomodulación.
La idea es sencilla en apariencia, pero compleja en su aplicación: la contribución económica que paga un productor dentro de un sistema EPR debería poder reconocer las diferencias entre productos. Durabilidad, composición, facilidad de desmontaje, reparabilidad o reciclabilidad serían algunos de los elementos a tener en cuenta en esa diferenciación.
Desde la industria se advirtió del riesgo de construir sistemas demasiado simplificados en los que productos con comportamientos ambientales muy distintos terminen soportando contribuciones similares.
La Comisión también reconoció otro problema que AMES viene señalando: la fragmentación de los sistemas RAP entre Estados miembros.
El futuro Circular Economy Act pretende avanzar hacia una mayor armonización, simplificación y digitalización de estas obligaciones. SMEunited fue incluso más concreta y propuso una ventanilla única europea para RAP, con definiciones comunes, interoperabilidad entre registros y sistemas de reporting que eviten duplicaciones.
Reparar también debe ser una política industrial y de empleo
Uno de los aspectos más interesantes del encuentro fue comprobar hasta qué punto la circularidad está empezando a conectarse con el empleo y las capacidades productivas.
Vibram explicó que diseñar un producto reparable no sirve de mucho si después no existe quién pueda repararlo, la reparación resulta demasiado cara o el consumidor no sabe dónde acudir. Por eso la empresa ha trabajado con reparadores, fabricantes de maquinaria y formación profesional para revitalizar el ecosistema de reparación del calzado. No se trata únicamente de prolongar la vida de un producto. También supone recuperar oficios, generar actividad económica local y desarrollar nuevas competencias.
La misma idea apareció desde CNA Federmoda. Sastrerías, zapateros, talleres textiles, fabricantes de piel o pequeñas empresas de confección pueden desempeñar una función completamente nueva dentro de la economía circular. Ya no serían únicamente proveedores de productos. Pueden convertirse en proveedores de servicios de reparación, transformación, reacondicionamiento o remanufactura.
Ese cambio abre una dimensión de la transición de la que todavía se habla poco: la circularidad también puede convertirse en una política de empleo, capacitación y mantenimiento del tejido productivo local.
Las PYMES deben estar dentro del diseño de las reglas
Un elemento especialmente relevante para un sector como el textil europeo fue el papel de las pequeñas y medianas empresas, mayoritarias en el continente.
Desde CNA se recordó que el 86 % de las empresas italianas de moda son micro o pequeñas empresas y que una parte importante del tejido productivo ha desaparecido durante las últimas décadas. Así, la transición no puede construirse simplemente trasladando obligaciones hacia abajo en la cadena.
Si las pequeñas empresas van a asumir nuevas funciones —trazabilidad, reparación, remanufactura, gestión de datos o nuevos servicios— necesitan participar también en la gobernanza del sistema.
De ahí que surgieran propuestas como los hubs territoriales, las redes entre marcas y proveedores, los sistemas de formación o las infraestructuras compartidas para que las empresas más pequeñas puedan acceder a capacidades que individualmente resultan difíciles de desarrollar.
Sostenibilidad y competitividad empiezan a formar parte de la misma conversación
La intervención de Stefano Soro, responsable de Sustainable Products and Textiles en DG GROW, mostró con bastante claridad el cambio de contexto europeo. La Comisión ya no está hablando únicamente de reducción de impactos ambientales, habla también de sostenibilidad económica, social y geopolítica.
Soro defendió que Europa no puede considerar sostenible una transición que simplemente desplace producción, emisiones y empleo hacia terceros países, el concepto, muy repetido durante las jornadas, de level playing field.
Si las empresas europeas realizan inversiones importantes para cumplir requisitos ambientales, los productos importados que acceden al mercado europeo deben estar sometidos a exigencias comparables. Esto convierte la vigilancia del mercado, las aduanas y los sistemas de control en una parte esencial de la política de sostenibilidad. El ESPR aparece así no solo como una regulación ambiental, sino también como una herramienta de política industrial y de mercado único.
El verdadero cambio está en el sistema
Si hubiera que resumir la jornada en una sola idea, probablemente sería esta: la circularidad textil está dejando de construirse alrededor del residuo para empezar a reorganizar el sistema que lo genera. Diseño, producción, datos, reparación, empleo, capacidades industriales, fiscalidad, responsabilidad del productor, vigilancia de mercado y comercio internacional empiezan a formar parte de una misma conversación.
Para AMES, esta es precisamente una de las cuestiones centrales de la transición que tenemos por delante: conseguir que las nuevas reglas no se limiten a añadir obligaciones, sino que ayuden a construir una industria europea más circular, innovadora, competitiva y capaz de mantener conocimiento, empresas y empleo en nuestros territorios, no solo a posteriori, sino en el propio diseño del proyecto.


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